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Camari Modelo de Valentía Camari Olson

Enterarme de que tenía que hacer quimioterapia por segunda vez en mi vida no fue una sensación agradable. Aunque no la pasé tan mal en 1997 y pude seguir con mis actividades durante la mayor parte del tratamiento, esta vez fue un poco diferente. Tenía un tipo de cáncer de mama muy raro y agresivo llamado metaplástico. Este tipo tiene aspectos que se comportan como un cáncer de mama pero también parece un sarcoma. Entonces los médicos decidieron que haría dos tipos de quimio diferentes al mismo tiempo.

En el primer tratamiento me acompañó mi gran amiga Nicole, que también es bombera. Ese tratamiento fue un poco difícil porque aún no tenía un puerto y mientras me pasaban los medicamentos por las venas sentía mucho dolor. Nicole fue un gran apoyo.

Después de ese tratamiento, Nicole trajo al resto de las chicas: quería que los tratamientos fueran reuniones sociales donde podría estar rodeada de mis compañeras. Nos pusimos el nombre de Fire Chicks porque la mayoría de nosotras era o había sido bombera. Con cada tratamiento, nos pusimos más festivas y creativas sobre cómo celebraríamos.

Una vez llevamos varios animales de peluche para animar la habitación. Yo llevé un gatito que había encontrado cuando andaba en bicicleta durante el primer tratamiento de quimioterapia. Estaba en el medio de la calle, lo habían pisado y tenía un solo ojo. ¡Creo que me compadecí de su estado!

Entre esa sesión y la siguiente, mi cabello comenzó a caerse. Quería donarlo, lo que significaba que debería cortarlo antes de que se cayera. Las chicas organizaron una fiesta de corte de cabello. Nos interiorizamos sobre cómo cortarlo para poder donarlo en buen estado, por eso teníamos que separar cada sección por capas y sujetarlo con una banda elástica y luego cortarlo tan cerca del cuero cabelludo como pudiéramos. Después que cortaron mi cabello de esa manera, cada una hizo lo mismo con el suyo y luego se lo cortaron.

Me encanta Halloween y tenía una variedad de pelucas llamativas. Para la próxima sesión de quimio, las llevamos y nos divertimos mucho usándolas. Paseamos por la sala de quimioterapia adoptando el acento o las poses según la peluca que teníamos para que todos se rieran.

Lo más destacado fue el día de la fiesta mexicana. Las chicas llegaron temprano y decoraron la habitación con guirnaldas de pimientos. Trajeron una gran piñata de unicornio rosa, sombreros y collares de cuentas para todos y sirvieron nachos y margaritas sin alcohol. La sala se colmó de risas incluso mientras me pasaban los medicamentos por vena.

En mi último tratamiento tuve sentimientos encontrados. Aunque esperaba con ansias que comenzara, cuando llegó el día tenía mucho miedo. Llegué a pensar lo que podría venir o si simplemente tendría que esperar a que el cáncer volviera. Aún así, fue un día muy divertido. Hay un guardarropa repleto de pelucas que donan los pacientes cuando ya no las necesitan. Nos divertimos mucho probando diferentes tipos de look y sacándonos fotos. También llevé golosinas y sidra. Recorrimos toda la sala para brindar por mi último tratamiento y con otras personas que están en pleno proceso.

JAMÁS estuve sola en ninguno de los tratamientos de quimioterapia. El recuerdo que tengo de las chicas ayudándome durante una etapa que podría haber sido oscura no tiene precio para mí.